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martes, 6 de noviembre de 2012

Memoria anecdótica de Montevideo : Cuando Montevideo era un campamento y otras cosas



Apenas algo más de 350 personas componía en núcleo humano. Los 34 pioneros venidos de Buenos Aires, más de 100 de las Islas Canarias y unos 100 soldados que formaban la guarnición…también había un centenar de indios guaraníes que aquí cumplían funciones de la construcción del recinto amurallado y unas 50 personas se ocupaban del manejo de las embarcaciones, cortaban madera y cumplían tareas de peones o albañiles.
La población primera, como lo ha indicado Azarola Gil “carecía de instrucción y de cultura, muchos de ellos no sabían leer ni firmar. Eran labriegos, rudos ignorantes y virtuosos…….su devoción religiosa fue el factor predominante en la psicología de los fundadores…..
Buenos Aires quedaba a tres días, y de esta hermana mayor vinieron las hortalizas secas, las primeras aves de corral, la bayeta y los utensilios. La base de la alimentación fue la carne, cuya abundancia la convirtió en el plato nacional hasta nuestros días. Las compras y las ventas se efectuaron los primeros tiempos mediante el sistema de trueque, bueyes contra granos y hortalizas contra vestidos…….
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Los primeros y veloces casamientos montevideanos

No pasaron 5 meses de fundado Montevideo cuando se efectúa el primer matrimonio que se tiene noticia.  Fue el de Luis de Sosa Mascareño de 26 años y Leonor Morales de 19 años, él un soldado y ella recién venida de las Islas Canarias…parece que el incentivo material que suponía por entonces adquirir el titulo de poblador estable, el terreno, la estancia y la chacra mas los utensilios y ganado que se otorgaban era harto  deseable  y en más de un caso fue el comienzo de verdaderas fortunas de los primeros pobladores.

Enterramientos en las noche montevideanas


Imperó la costumbre en Montevideo en los primeros tiempos coloniales trasladar a los muertos  durante la noche. Sus deudos cargaban al hombro y amigos y allegados  del difunto marchaban en procesión portando faroles y antorchas encendidas. Se encaminaban hasta la Iglesia Matriz, y allí tenía lugar los oficios fúnebres y la misa de cuerpo presente. Luego el ataúd se quedaba en el depósito de la Matriz donde recibía sepultura religiosa. Cuatro reales costaba el permiso de enterramiento..

Ataúdes se alquilan


En la primera época de  la vida montevideana, cuando moría un indigente se le cargaba en una camilla hasta el convento de los franciscanos y sin más se llevaba a enterrar al camposanto que estaba  junto a la iglesia…pero si el muerto poseía alguna posición, los deudos concurrían al Hospital  y allí arrendaban un ataúd, se transportaba al difunto hasta el camposanto y una vez concluido los oficios se devolvía el ataúd alquilado para que otro muerto lo utilizara a su debido tiempo.


Jinetes en la Calle de los Judíos


Así se llamó una de las calles montevideanas en los comienzos de la Colonia.  Después cuando todas las calles se “cristianizaron” y adoptaron nombres de santos, pasó a ser calle San Fernando, mucho después su denominación fue Cámaras, por encontrarse ahí la primera sede de nuestro Poder Legislativo, y por último se la bautizó, hasta hoy, con el personaje público de perfiles románticos: Juan Carlos Gómez.
Así como había una Calle de  los Judíos, había una Calle de los Pescadores, una Calle de las Tiendas, otra de las Bóvedas etc ., …cabe añorar en su deliciosa ingenuidad  que se relacionaban con actividades o lugares.
Pero entonces ¿Por qué Calle de los Judíos? ¿Había judíos en aquel Montevideo?...no se trata de eso, sino de un prejuicio antijudío heredado de  la España que casi tres siglos atrás los había expulsado de la península.
La Calle de los Judíos se hallaba muy cerca del Portón de San Pedro, que comunicaba con el campo abierto y por allí llegaban los paisanos a hacer su compra en la ciudad. Era una calle sembrada de tiendas donde se vendía todo lo necesario para la actividad de la gente a caballo: monturas, frenos, estribos, cinchas etc, pero nuestros jinetes se quejaban de que los precios eran demasiado altos y no había forma que los tenderos rebajaran medio real. Con despecho, los paisanos empezaron a tratar a los comerciantes  de “judíos” y así quedó bautizada la calle

Médicos con remedios incluidos


Hasta 1768 no hubo boticas en Montevideo y la costumbre era que los propios médicos suministraran a los enfermos las medicinas que estos necesitaban..
Esta práctica no les hacía ninguna gracia a los “cirujanos” y se conservan testimonios escritos que documentan las quejas de los profesionales. Ganaban sueldos muy bajos y encima tenían que pagar de su bolsillo los remedios. Hubo un cirujano, un tal Cardoso, que se pasó años protestando por esta situación, hasta que al final de su carrera logró que le pagaran aparte el medicamento., a l menos los que suministraba al Hospital Público. Su sucesor, un cirujano de nombre Plá logró que los medicamentos se le enviaran gratuitamente desde Buenos Aires, donde sí había boticas desde hacía tiempo.. …esta práctica perjudicial para los bolsillos de los médicos derivó que se prefería recetar yuyos y brebajes a los enfermos de los primeros tiempos de la Colonia.

Nuestra primera botica


En 1768 llega la fragata “Santa Rosa” de la que desembarca un español de nombre Gabriel José Piedra Cueva que traía bajo el brazo una autorización para ejercer la profesión de boticario en estas Provincias.
No existe documentación de donde estuvo emplazada esa primera botica ni como le fue económicamente, pero cabe suponer que el negocio fue rentable ya que a su muerte en 1781, su esposa María Antonia Pérez, queda al frente de la misma, aunque se ignora como se las arregló para la autorización, ya que carecía de titulo que la habilitara.

Datos sacados de ”Bulevar Sarandí” de Milton Schinca


3 comentarios:

  1. Muy buen material y muy buena presentación. Excelente nivel el de tus presentaciones

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  2. muy buen escrito de la vida de montevideo, veo que aunque tengas infinidad de problemas para ti siempre tienes solucion, no me imagino si todo fuese normal
    como lo resolverias todo.

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